La Palabra de Dios, fuente de esperanza

En el sínodo de 2008 sobre la Palabra de Dios en la vida y misión de la Iglesia, el obispo Antons Justs de Jelgava (Letonia) relató un recuerdo de un sacerdote letón que fue arrestado durante el régimen soviético por poseer una Santa Biblia. Para los agentes soviéticos, las Sagradas Escrituras eran un libro anti-revolucionario. Tiraron el libro al suelo y ordenaron al cura que lo pisara. Este no solamente se negó, sino que se arrodilló y lo besó. Por este gesto, fue condenado a diez años de trabajos forzados en Siberia. Diez años después, cuando regresó a su parroquia y celebró la Santa Misa, hizo la lectura del Evangelio. Al terminar, levantó el leccionario y proclamó: ¡Palabra de Dios! El pueblo dio gracias a Dios gritando. No se atrevieron a aplaudirle porque se hubiera interpretado como una nueva provocación. El obispo puso en contexto lo acaecido. En Letonia, durante la etapa soviética no se permitía la impresión de libros religiosos, ni de Sagradas Escrituras, ni catecismos. Se pensaba que si no había Palabra de Dios impresa tampoco habría religión. El pueblo letón hizo lo mismo que los cristianos del siglo I: se aprendieron pasajes de la Sagrada Escritura de memoria. Todavía hoy existe esa tradición oral. Decía: “Hacemos procesiones y peregrinaciones, cantamos himnos y rezamos y proclamamos: «Esta es la Palabra de Dios», por la que nuestros abuelos murieron”.

Sigue leyendo..