La Cuaresma es un tiempo de especial gracia. Pero, la combinación con el Año Jubilar, enriquece los regalos de Dios en este periodo, los hace más abundantes y más eficaces. Tanto la Cuaresma como el Año Jubilar coinciden en el mismo objetivo: son un tiempo de gracia extra para volver a Dios.
La Cuaresma (del latín, quadragesima, el día que ocupa el lugar 40) es un periodo de 40 días que encuentra dos raíces en la Historia de la Salvación. El Éxodo, los 40 años de peregrinación del pueblo de Israel en el desierto del Sinaí, un tiempo de pruebas y tentaciones, y de gracias abundantes y consuelos de Dios con Israel, que había liberado de la esclavitud de Egipto y le había concedido volver a sus orígenes, a la Tierra prometida a Abraham y los Patriarcas. Una larga travesía en la que Yavhé fue educando pacientemente el corazón del pueblo elegido. Además, la Cuaresma nos recuerda los 40 días de retiro, de oración y ayuno, de Jesús en el desierto de Judá, en preparación de su Pasión, Muerte en la Cruz y Resurrección gloriosa. Jesús nos invita a acompañarle, a peregrinar con Él a la verdadera Tierra prometida, la vida nueva en Dios, que será plena en el Cielo. Es el tiempo para verificar el camino que estamos recorriendo, para volver a encontrar el camino de regreso a casa, para redescubrir el vínculo fundamental con Dios, del que depende todo.
Sigue leyendo: